Tras una noche de cena y alterne, por moderado que sea, lo de madrugar apetece más bien poco. Pero para una vez que la contraria se deja engañar, había que hacer un esfuerzo por salir, pero levantándonos a las once de la mañana, ¿qué pretendemos?
Pues nos vamos a conocer el nacimiento del Pisueña, algo cerca, corto y bonito, eso lo que más.
Así que nos dirigimos al pueblo del mismo nombre, allí al fondo, los Picones de Sopeña nos reciben.
Pues nos vamos a conocer el nacimiento del Pisueña, algo cerca, corto y bonito, eso lo que más.
Así que nos dirigimos al pueblo del mismo nombre, allí al fondo, los Picones de Sopeña nos reciben.
El inicio del camino está señalizado, pasamos junto a la hermita y nos encaminamos. Ha llovido mucho y eso se nota; todo está verdísimo, y el agua corre por todas partes, como podremos comprobar más adelante...
El camino discurre por una zona pasiega, pasiega. Muchas cabañas y cosntrucciones dean fé de como siguen viviendo por aquí (a menos de una hora de Santander).
El camino, bien señalizado al principio y bastante mal al final (si lo hacen, que lo hagan bien, y si no, pues que no lo hagan), discurre siguiendo más o menos el cauce del Pisueña, en dirección constante hacia los Picones. Es una zona preciosa.

Algunos se complican más que otros, y en la última parte del recorrido, tras pasar un arroyo muy malamente nos encontramos que nos es imposible atravesar el cauce del propio Pisueña para continuar el camino, así que sin mayor preocupación que la del hambre (ya son las 16:00), allí mismo se deshace el petate, y a la vera del Pisueña...






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