lunes 9 de febrero de 2009

Tordías (968 m) y Moral (1050 m)

De los pocos días buenos de este invierno, creo que salió el mejor, una escapada en solitario por la divisoria de los valles del Saja y Besaya de las que saben muy bien. Cómodas y fáciles ascensiones, inmejorables vistas para su modesta altitud, que no hace sufrir y presta a disfrutar como un chiquillo.
Me dirijo a la Braña de Brenes, sobre el pueblo de Los Llares, en el valle de Iguña. Allí arranca una pista que con poco desnivel guiará todo el camino. Petate y a andar. No me pongo ni las polainas, ya hacía unos días del último temporal, poca nieve habría, o eso creía yo.
En la primera curva del camino la pista se esconde a la sombra, y se convierte en una pista de hielo. Aquí el método de progresión es el denominado paso chiquitorr.

Avanzando con más miedo que gloria a sentar el culo en el hielo, en la primera revuelta del camino se aparece esto:

Sierra de Peña Sagra en primer plano, al fondo Picos de Europa.

Sigo caminando. La pista discurre por encima de los Montes de Ucieda, hayas, robles, acebos,

muchos acebos.

El regugio del Tornillo.

El día es inmejorable. Todo esto para mi solito.
Tras otro cambio de ladera por la divisoria aparece delante el Tordías. No tiene ningún misterio: te sales de la pista, subes y llegas a la cima; pero ¡ay, amigos! aquí ya te metías hasta las rodillas en la nieve, así que por lo menos ponte las polainas que en la mochila no hacen nada. ¿Quién decía que no iba a haber tanta nieve?
Y aquí sí, cima del Tordías.

Y espectacular panorámica, desde la Sierra del Cordel hasta los Picos de Europa.

Después sigo a derecho y me dejo caer por la ladera opuesta hasta la pista de nuevo. Aquí se une la que viene desde Ucieda.
Seguimos caminando por la pista un poquillo más allá, un poquillo más arriba y se llega a la Braña del Moral,

con su ermita.

Se sigue de frente remontando una loma a derecho y, 50 metros más arriba,

cima del Moral.

Las vistas, si no iguales, muy parecidas, pero me dejaron mejor sabor de boca desde el Tordías, a pesar de la menor altitud.

Eso sí, las montañas cántabras, en el centro el Castro Valnera.

Y después de un bocadillo al sol en el portal de la ermita, vuelta por el mismo camino, disfrutando de día, de la soledad, de las vistas, del sol, de todo, incluida la facilidad del camino.