Una escapada vespertina de esas que tanto me gustan. Algo fácil, corto, cerca de casa y bonito a ser posible. Después de comprar un bocadillo me acerco hasta Viérnoles; la idea es comerlo en la cima. Vamos para arriba.
Echo a andar, una pista de hormigón que pica para arriba con ganas, luego carretera, pista y así, pero siempre para arriba. Se pasa al lado de una gran cuadra y después varios corrales y cabañas. Tras pasar una barrera canadiense entramos en una pista y, tras pasar por unas fincas llenas de chones, por fín se deja ver el objetivo del día:
Tras descender un poco ahora, se sale de la pista a la izquierda para dirigirnos a un pinar; el camino te lleva directamente al pie del pico. Después, todo tieso:
El día no es malo, pero hay esa brunilla que jode todas las vistas:
Después de disfrutar un buen rato de la cima me vuelvo para abajo. Doy un pequeño rodeo a la cima y tropiezo:
Vuelvo a bajar hasta la base y allí intento encontrar un camino que atraviesa el karst y vuelve a Viérnoles cerrando un circuito, pero... dentro el camino se pierde y siendo tarde y solo... media vuelta y retorno por el mismo camino.
Ha sido una buena tarde, algo más de 500 metros de desnivel que me vienen muy bien y una tarde disfrutada en el monte, eso sí, habrá que volver con mejores vistas.



2 comentarios:
Jajaj con la satisfacción del bocata se te curan todos los males!
Joer, y lo bien que sabe un bocata allá arriba ¿qué?
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